La sabiduría de los muertos, reseña

Sábado, 4 de febrero de 2012

Pedro Jorge Romero

A Rodolfo Martínez le gustan muchas cosas: los comics de Superman, Borges, Stephen King… y también Sherlock Holmes. De hecho, al terminar de leer este libro, el lector está autorizado a pensar que la figura del gran detective más bien le obsesiona. Convertir la obsesiones en literatura puede tener consecuencias terribles (véase por ejemplo, la torpe e infantil referencia a La Cosa del Pantano al final de una novela espléndida comoTierra de Nadie: Jormungand). Podría pensarse por tanto que estamos frente a un pastiche más bien tonto. Gran error, porque lo que en otras situaciones son defectos de Rodolfo Martínez se convierten aquí en grandes virtudes, dando lugar a una narración ágil, interesantes y precisa. El resultado es una de las mejores narraciones que ha producido su autor.

La novela comienza adecuadamente con un juego muy en plan El nombre de la rosa. En la primera introducción (en un libro que realmente parece titularse La sabiduría de los muertos. Una aventura de Sherlock Holmes. Narrada por el doctor Watson. Traducida por Rodolfo Martínez) Rodolfo Martínez, convertido en personaje de su propio libro, nos cuenta como un amigo le hace llegar unos manuscritos inéditos del doctor Watson, su fascinación al leerlos y sus esfuerzos en traducirlos (advirtiéndonos además de la existencia de otros manuscritos por traducir). En la segunda introducción es el propio doctor Watson el que nos informa de sus razones para escribir la narración, impulsado por la aparición de un escritor de relatos pulp (al leer el adjetivo «sobreadjetivado» el lector sospecha inmediatamente quién podría ser el escritor en cuestión). A partir de ese punto nos adentramos directamente en el misterio, en el que personajes reales (como Arthur Conan Doyle) interaccionan con personajes de ficción.

Todo eso podría haber acabado en una pastiche más o menos adecuado si no fuese por el rigor con que Rodolfo Martínez ha creado la narración. En primer lugar, rigor al recrear el universo de Conan Doyle y en particular las narraciones de Sherlock Holmes. Y rigor también al hacer uso de la referencias, que van desde Alicia a través del espejo hasta el Sandman de Neil Gaiman. Nada sobra y nada falta; todo está perfectamente medido y encajado en la narración para que se convierta en parte integrante de la misma y cada elemento se apoya en los otros para conseguir un resultado que es mayor que la suma de sus partes. El resultado final no es sino un espléndida narración, especialmente porque Rodolfo Martínez ha sabido escribir con Sherlock Holmes una historia de Rodolfo Martínez.

Reproducido con permiso del autor.
Publicado originalmente en El archivo de Nessus
© 1996, Pedro Jorge Romero


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