Entrevista a Alejandro Terán

Miércoles, 31 de Marzo de 2010

Alejandro Terán hace tiempo que se ha convertido en un nombre imprescindible en la ilustración del fantástico en España. Ha realizado ilustraciones (y en ocasiones se ha encargado también del diseño) para las cubiertas de editoriales como Alamut/Bibliópolis, Gigamesh, La Factoría de Ideas o AJEC, por citar sólo unos pocos. Su estilo se reconoce con facilidad y su forma de encarar la ilustración resulta siempre elegante y, a menudo, aporta un cierto aire de misterio y de irrealidad que le va que ni pintado al género fantástico.

En Sportula hemos contado con él desde el principio, como diseñador de las cubiertas e ilustrador de El adepto de la Reina. Tuvimos muy claro desde el primer momento que queríamos a Alejandro como ilustrador y como diseñador y esperamos que esto sea sólo el inicio de una relación larga y fructífera.

Para el aficionado al fantástico, Alejandro se dio a conocer en 2004, con la ilustración de portada de Sherlock Holmes y la sabiduría de los muertos de Rodolfo Martínez, con la que inició su colaboración con Bibliópolis (después Alamut). No tardó en diversificar su trabajo y, como hemos dicho, convertirse en un nombre imprescindible para el género.  A lo largo de la siguiente entrevista, hablamos un poco de su trayectoria y de su personal modo de encarar la ilustración.

¿Tuviste claro desde siempre que algún día orientarías tu trabajo —al menos parte de él— hacia la ilustración de libros o fue algo que surgió un poco por casualidad? Háblanos un poco de esos primeros tiempos, hace seis años, cuando Luis García Prado contacta contigo.

Vamos por partes.

A la primera cuestión podría decirse que sí. De pequeño cayó en mis manos un libro con una recopilación de trabajos de los mejores ilustradores fantásticos que había en los 70 y 80. Entonces yo tenía 12 años y recuerdo pasar horas enteras con aquel enorme libro que nunca me cansaba de hojear una y otra vez. Así que cuando miro hacía atrás sin duda ese es mi primer libro de ilustración fantástica. Posiblemente el que me hizo coger acuarelas y un lápiz e intentar hacer un dibujo del estilo. Evidentemente no me salió nada parecido. Muchos años después fue cuando por fin adquirí los conocimientos y técnicas que hoy me permiten hacer los trabajos que ya conocéis.

Demos un salto hasta el 2004.

Tras muchos sinsabores en el mundo del diseño gráfico y publicitario, decidí dar un giro y tratar de ganarme la vida con lo que hasta entonces era poco mas que un hobby; la ilustración. Mis primeras portadas fueron para libros de rol. Portadas en las que intenté adaptar mi técnica a las exigencias de un editor. Obteniendo resultados algo forzados. Pocos meses después de una buena labor de mailing recibí de Luis el encargo de la portada para el libro Sherlock Holmes y la sabiduría de los muertos. Leí el libro y me gustó mucho, entre otras cosas por afinidad con mis gustos por la obra de HP Lovecraft. Lo complicado fue elegir algún pasaje. Había muchas escenas muy interesantes y al final opté por una especie de amalgama que aparece en la portada en forma de la ensoñación de un meditabundo Holmes. No obstante me costó mucho llegar a esa portada. Demasiadas dudas e inseguridades me hacían postergar una y otra vez la entrega de alguna muestra al editor. Cada vez que iba a enviarla pensaba que me iba a mandar cambiarla de arriba abajo y después de las horas que me había llevado hacerla ese pensamiento me daba pánico. Pero al final no hubo tantos cambios y tanto el editor como el autor quedaron completamente satisfechos con el resultado. Lo cual me compensó con creces el esfuerzo de ese primer encargo.

El tipo de ilustración que haces parece irle de perlas a la literatura fantástica, o incluso el terror (recordemos, por ejemplo, tus magníficas portadas para los Libros de sangre de Clive Barker). Se te ve más cómodo, parece, en la fantasía que en la ciencia ficción. ¿Crees que es así? Y en ese caso, ¿a qué piensas que se debe?

Sin duda es así. Las portadas de ciencia ficción son mi espinita clavada. Este género posee una iconografía muy específica. Pretender conseguir una portada de este género prescindiendo de naves espaciales u otros elementos con aspecto tecnológicamente avanzado o alienígena es casi imposible. Siempre he pensado que debería aprender a manejar algún programa de modelado en 3D para conseguir los resultados que me gustaría obtener, pero son tan complejos y necesitan tanta dedicación que nunca termino de encontrar tiempo para ellos. Y es una pena, porque ideas para trabajar en el género no me faltan. Así que el problema es más bien técnico.

En el mundo fantástico y de terror me muevo como pez en el agua. Y concretamente en el de terror creo que sería capaz de cualquier cosa. Me resulta de una plasticidad infinita y por otra parte me parece que hay mucho por renovar en esa estética.

Seguramente cada editor trabaja de un modo distinto: algunos te pasarán el libro para que puedas leerlo e imaginar tú mismo qué ilustración podría irle mejor, otros se limitarán a decirte de qué va la historia, alguno habrá que incluso te de unas indicaciones de la imagen que quiere ver en la cubierta. Háblanos un poco de esas diferencias y de las dificultades y ventajas que tiene cada sistema.

Aquí lo tengo muy claro. No hay ningún sistema perfecto. Todo depende del nivel de entendimiento entre editor e ilustrador. Y esto a menudo mejora con el tiempo de experiencia entre ambos.

En cualquier caso lo ideal es que el editor tenga muy claro el tipo de libro que quiere publicar y además sepa transmitirlo. También debe estar convencido de que yo soy el ilustrador ideal para realizar esa portada y partir de ahí me proporcione un mínimo de material como base para que yo pueda construir mi propia interpretación sobre el texto.

No funciona del todo bien el “Haz lo que tu quieras” o el “¿Ves este cartel? Quiero una portada igual”. En un caso el riesgo de hacer una portada que no tenga nada que ver con lo que el editor esperaba es del 99,9%. Y en el segundo caso es como intentar conseguir una copia que nunca va a tener el atractivo del original. Este último sistema ha sido la causa de mis peores trabajos.

¿Ilustrador? ¿Diseñador? ¿Ambas cosas? ¿Qué parte de tu trabajo prefieres?

El de ilustrador, sin duda alguna. Pero lo bueno es poder compaginar ambos. Me horripila entregar una portada limpia para que otro le incorpore la tipografía. Si puedo me gusta hacerlo personalmente.

Pienso que son dos tareas complementarias y ayudan a que el resultado sea lo mas digno posible.

Cuéntanos un poco el proceso de creación de una portada. Suponemos que empiezas con un primer boceto, donde sitúas las distintas figuras y te haces una idea de la distribución del espacio. A partir de ahí…

Al principio si trabajaba así. Pero últimamente el proceso es algo caótico. Antes de nada leo el texto y me voy formando algunas ideas. Luego empieza la fase de documentación, que consiste en buscar imágenes, hacer fotos, dibujos o lo que sea que me aporte el material para construir la ilustración. Es la peor parte, lleva mucho tiempo, a veces días enteros. Pero es fundamental y el resultado va íntimamente ligado a la calidad del material recopilado. A veces, si necesito un personaje utilizo a cualquier colega desprevenido que convierto en alienígena, arquero, o lo que pida el guión. Eso no es aburrido.

Es entonces cuando empieza lo divertido. Para que me entienda todo el mundo mi técnica es básicamente un collage de imágenes. Comienzo a recortar esto y aquello componiendo la escena que tengo en la cabeza y cuando está mas o menos todo en su sitio comienza la magia digital y lo que era un montón de retales comienza a fundirse para componer una escena totalmente nueva y visualmente coherente. Ya lo conocéis el resultado

¿Has tenido a menudo que cambiar una portada cuando ya la veías terminada porque al editor no acababa de convencerle?

Peor aún. Me han rechazado hasta cinco propuestas diferentes y prácticamente terminadas. Esto es común en editoriales enormes en las que tiene que opinar desde la persona que contacta contigo hasta el guardia de seguridad del edificio. El consenso suele ser complicado y al final resulta que el que tiene que dar el visto bueno es otra persona qua ya tenía una idea muy clara de antemano, pero que no había dicho nada.

También me ha ocurrido en alguna editorial mas modesta en la que el editor me dijo “Ahí tienes el texto. Tienes carta blanca para hacer lo que quieras.” y al final resulta que no valía hacer cualquier cosa, sino otra idea que entonces te explica con todo detalle.

¿Qué ilustración te resultó más difícil de conseguir? ¿Por qué?

Recuerdo la portada de Cismatrix como una de las mas complicadas por tener que lidiar con el género de la ciencia ficción sin manejar programas de modelado en 3D. El proceso resultó muy complejo y llevó mucho tiempo. Además hubo que hacer varios retoques y cada uno de ellos llevaba el tiempo que había tardado en hacer media ilustración. Así que no me resultó muy rentable, aunque finalmente quedé bastante contento con el resultado.

Eso sí, si la técnica no me hubiera limitado hubiera elegido alguna escena totalmente diferente. Ese libro contenía momentos impresionantes en mundos inimaginables.

Y, al revés, ¿cuál fue la ilustración que pareció “hacerse sola” y en la que fue todo sobre ruedas?

Tengo varios casos; El adepto de la Reina y Tríptico de Trinidad son los dos últimos trabajos. Disfruté mucho en ellas. En ambos casos encontré escenas muy evocadoras en las que podías ofrecer la primera visión de mundos o universos completamente vírgenes. De alguna manera todo lo que se me ocurría podía ser válido bajo mi óptica.

Siempre he dicho que se debe disfrutar en cualquier proceso creativo. Se puede apreciar perfectamente en el resultado de cualquier obra.

Tu trabajo favorito, aquel por el que sientes una predilección especial.

No hay ninguna por la que tenga una predilección especial. Pero suelen ser ilustraciones en las que abordo algún reto al que no me había enfrentado antes y que además considero que he conseguido salvar con éxito.

Casualmente casi siempre es la última o penúltima que he terminado… habría que estudiarlo.

Además de ilustración y diseño de libros has hecho otras cosas, como cartelería y material promocional. ¿Qué prefieres? ¿O tal vez te gusta hacer un poco de todo, tocar distintos palos y asumir nuevos retos?

A menudo la promoción de un libro requiere material de apoyo para darlo a conocer. Pero realmente no supone ningún reto porque se trabaja sobre material que ya tienes elaborado.

Pero sí, me gusta mucho la cartelería aunque a menudo se trabaja con plazos tan ajustados que no da tiempo a elaborar una ilustración como a mi me gustaría y terminas por resolverlo con mas diseño y menos ilustración.

Confieso que cuando comencé a ilustrar mi preferencia por las portadas de discos y los cómics era absoluta. A día de hoy es algo que nunca he realizado por falta de tiempo, aunque tampoco ha surgido la ocasión.

Con Sportula has demostrado, desde el primer momento, una implicación especial, un entusiasmo casi contagioso y una disposición a prueba de bomba. ¿Qué hay en un proyecto de esas características que te resulta tan interesante?

Tal vez sea porque me encanta el mundo editorial. Siempre me ha parecido fascinante publicar. Difundir obras e ideas y lograr que lleguen a quien pueda interesarle me parece algo casi mágico.

El caso concreto de Sportula me atrajo por la novedad de tratar directamente con el escritor. Siempre he pensado que un tándem escritor/ilustrador es ideal para generar todo tipo de proyectos editoriales. Y además hace tiempo que tengo la idea de publicar algún libro en el que mi trabajo no se limite al exterior del libro.

Gracias por tu tiempo, Alejandro.

Gracias a vosotros, ha sido todo un placer.


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